¿Qué es sesgo de confirmación?
¿Sabías que pensar bien no es tan fácil como parece? Puede sonar extraño, pero la realidad es que nuestro cerebro muchas veces coge atajos y se queda con información que no necesariamente es la más verdadera. A todos nos encanta tener la razón, esforzarnos lo mínimo y permanecer en nuestra zona de confort; y no siempre es fácil darse cuenta de que nuestro análisis de la realidad está distorsionado. Esto es lo que se conoce como un sesgo cognitivo: un pequeño fallo al pensar que nuestro cerebro comete de forma sistemática, porque es fácil y más cómodo que esforzarse en ser riguroso en el análisis de la realidad, y que muchas veces es difícil de detectar incluso por nosotros mismos.
Los sesgos cognitivos podrían describirse como mentiras estructuradas y catalogadas que se infiltran en nuestra manera de percibir el mundo y que impiden que contemplemos la realidad de forma objetiva. Uno de los más comunes es el sesgo de confirmación, que se fundamenta sobre el deseo inconsciente, presente en todos los seres humanos, de tener la razón. ¿Cómo nos afecta? Pues haciendo que recordemos y prestemos más atención a la información que confirma nuestras creencias y opiniones mientras, a la vez, nos ayuda a ignorar y menospreciar la información que va en su contra. El sesgo de confirmación hace que la información que rompe nuestros esquemas mentales sea más difícil de procesar; y como uno de nuestros deseos es saber que teníamos la razón y que estábamos en lo cierto, nuestro cerebro está dispuesto a hacer trampas para cumplir el deseo.
Sesgo de confirmación, ejemplos cotidianos
Un ejemplo puede aclarar esto: si creemos que todos los famosos son unos engreídos y conocemos a uno que realmente lo es, nuestro cerebro automáticamente formulará un “¡lo sabía!”. Pero, si por el contrario conociésemos a una persona famosa que fuese humilde, probablemente, lo olvidaríamos rápidamente al no darle tanta importancia. Por nuestra propia creencia por la que “todos los famosos son unos engreídos”, recordaremos y prestaremos más atención a aquellos sucesos que refuercen esta idea preconcebida y, acordemente a los sesgos, tendremos dificultades para recordar a aquellos famosos que quizá demostrarían lo contrario.
Aunque el anterior ejemplo sirve para ilustrar cómo funciona el sesgo, es importante entender que puede generar problemas más grandes que una mera percepción truncada sobre las personas famosas. Si tenemos un mal día, donde se filtra la idea de que “todo nos sale mal”, el sesgo de confirmación puede reforzar esta creencia y hacernos miserables. Ante el más mínimo error, encontraremos la confirmación indiscutible de que somos unos fracasados; y todo por los atajos que a veces toma nuestro cerebro. Debemos estar alerta, porque si no entendemos en qué consiste el sesgo de confirmación nos podemos caer por una espiral donde es difícil demostrarse nada nuevo a uno mismo. Frases como “si es que todo me sale mal” ponen de manifiesto que hay una mentira del cerebro en pleno funcionamiento.
Para profundizar más en los sesgos y cómo nos pueden afectar, una lectura recomendable es “Pensar rápido, pensar despacio”, de Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía en 2002); que indagó sobre las decisiones irracionales que tomamos las personas abriendo así nuevos caminos en el estudio de los sesgos, de la economía cognitiva y, en general, en el modo de actuar tan peculiar que tiene nuestro cerebro.
Federico Juliani Ramos
Estudiante Grado Psicología en Universidad Francisco de Vitoria